“Que paso a paso nos sigue la inoportuna vejez, y que Amor y flores sólo duran una primavera.”
- Pierre De Ronsard -
Doña Sonia tenía una casa pegada al cerro cuesta arriba, en Torreón, Coahuila; antigua pero con mucha vida, había un columpio en un árbol donde solía mecerme, también tenía un guayabo de donde lograba saborear su rica fruta. La casa de doña Sonia tenía un solo piso y mosaicos con una tonalidad roja, un patio trasero grande con barda blanca, ahí se realizaron muchas reuniones familiares, se rompieron muchas piñatas y se guardaron muchas risas y buenas vibras.
Doña Sonia solía sentarse al ocaso a leer un poco en su mecedora, a esperar a las estrellas y el viento fresco que acompañaba a la noche para acariciarle las mejillas. Una pasión de doña Sonia era eso, leer; algo que le encantaba hacer más que ver TV, su otra pasión fue su familia, vivió para sus hijas y aunque a veces fue dura con su marido, siempre le amó.
Como a mucha gente, el cáncer visitó a doña Sonia, pero fue tan fuerte que superó esa terrible enfermedad, soportó todas las quimio y radioterapias, se le cayó el cabello blanco, pero con el tiempo, cuando todo pasó, le volvió a nacer más lindo y brilloso que nunca, como una muestra de que hay esperanza ante la adversidad, como una muestra de lo que fue su vida, difícil por momentos, pero siempre se levantó y sonrió.
Me llegaron a decir que doña Sonia solía ser dura y muy estricta con sus cinco hijas y hasta con su marido - "y como no" - llegué a pensar, tanta responsabilidad y a la vez tanta felicidad en sus manos. Sin embargo, yo la recuerdo como una dama amable y excelente anfitriona cada vez que la visité y siempre me trató bien, me consentía con lo que podía, con un dulce, un antojo, una comida.
Con los años llegó a doña Sonia la vejez y con la vejez las disfunciones del cuerpo, que con el tiempo se descompone inevitablemente y en ella le costó la fuerza de sus piernas que le fue a su vez quitando su luz poco a poco y sin embargo; siempre tuvo para mi una sonrisa sin importar que tan gris fuera el día. Eso sí, siempre tuvo fuerza para disfrutar de la lectura, siempre fue lúcida mentalmente, algo que siempre le admiré
En sus ojos tristes invadidos de cierta soledad, pude ver mucha vida, muchos recuerdos en los que creo logró sumergirse para sobrellevar los días grises que por fortuna fueron pocos. Las tardes tal vez fueron muy largas y la mecedora se convirtió en silla de ruedas, pero siempre fue amada y cuidada por sus hijas, fue amada también por sus nietos por sus bisnietos que llegó también a conocer, fue amada por mi y seguirá siéndolo.
"El tiempo no perdona" dicen y dicen bien... doña Sonia, partió ayer 14 de Agosto de 2011, de causas naturales, fuerte nació, fuerte se fue, a mejor vida. Que descanse en paz, Doña Sonia... mi abuela.
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